Divorciados, admisión a la comunión, olvido pastoral. Cardenal Martini

Acerca del asunto de los divorciados vueltos a casar y de admitirlos a la comunión ha escrito el cardenal Martini, ex prelado de la diócesis de Milán, en su último libro, celebrado y denostado. Todo el debate parece circunscribirse en torno a los divorciados a que sean un capitulo más de la agenda de los "reformadores eclesiales", tipo Martini, junto con los preservativos, la ordenación de la mujer, la inmensa caridad de aceptar a los gays, etc. Y las respuestas de los vigilantes de la iglesia estriban en destacar la perfidia de semejantes proposiciones, que destruirían a la iglesia igual que lo están haciendo con la sociedad civil. Pero tratan de divorciados perfectamente acomodados en nueva vida. Muy bien, pero dónde están los programas de ayuda a hombres separados y divorciados que viven en la calle, en sus coches o caravanas, perseguidos en los tribunales (y si son católicos más porque se vienen usando artimañas para hacer derivar su culpabilidad de su fanatismo religioso) lanzados al suicidio; no hablan nunca en ningún sermón, en ningún documento eclesial. ¿Dónde está la pastoral para ayudar a los hombres en trance de suicidio, principalmente por causa del mismo divorcio? (se calcula que es un tercio de los suicidios de varones en España, es decir, 700 hombres al año que silencia perfectamente una prensa que ha pactado el silencio para cuanto tenga que ver con la conspiración rosa). Todo lo que les preocupa a unos es la reforma burda de la iglesia, hacer campaña liberal para hacer aceptable a la iglesia en este mundo, y a los otros, lo único que les importa es combatir a los reformistas. ¿Dónde están las víctimas? Hay pastoral de prisiones, incluso pastoral de la carretera, del mar y hasta de los feriantes de circo, ¿dónde está la pastoral de los semiasesinados por la conspiración rosa? ¿dónde está la pastoral para evitar que los semiasesinados asesinen a su vez a sus esposas-compañeras y moralmente a sus hijos? No hay pastoral, ya lo sabemos, pero es que no hay ni media palabra al respecto en los medios eclesiales. El silencio, la falta de acción, es aquí gravísimo ya que es el centro del actual programa de destrucción de la familia y de fomento del odio intersexos en la iglesia doméstica.

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