La primera cruzada. Teología de la historia

He visto el documental de Canal de historia sobre la primera cruzada, contada del modo más descarnado. Aun siéndome conocidos muchos nombres de lugares y jefes de la cruzada, la mayoría de los hechos me resultaban desconocidos, aun a pesar de haber leído sobre todo ello en el pasado; como comprendo ahora, lo descrito en las lecturas se basaban en una selección de cuanto podía estimular la fe y el gozo católico, dejando a un lado -y eso es legítimo- las sombras que hay en todo. Conocer los hechos así, de esta manera descarnada, provoca una cierta crisis en la visión que hemos tenido, pero no puede disminuir un ápice el gozo católico, porque se confirma y reafirma la acción del Dios compasivo, misericordioso y justo en la historia. Eso ayuda además a entender nuestro hoy, desde la fe-realidad, que es lo que nos interesa, no simplemente conocimiento histórico. Fe-realidad, contra todo lo que nos han enseñado acerca de la incompatibilidad entre fe y realidad, fuera de cuyo binomio no existe verdadera comprensión de lo real.
Se ve que la acción de Dios cabalga en medio de la acción de los hombres, su lógica y su pecado, Dios actuando en medio de la acción brutal de los hombres; da mucha pena si se entiende bien, ver que Dios tenga que moverse en medio de esa acción siendo El el purísimo y el bondadosísimo, sin separarse de un mundo tan ajeno a su esencia, y sólo por su bondad paternal (como haríamos nosotros buscando a un hijo o hija por más que estuvieran entregados a las tinieblas de la vida)
En aquel momento, la iglesia ortodoxa está instalada en el imperio bizantino y su emperador pide ayuda al Papa porque se siente débil a largo plazo ante los turcos. El Papa lanza la primera cruzada a la que se suman decenas de miles de hombres, pero no tanto para ayudar al emperador a salvar su imperio como para instaurar el catolicismo romano en Palestina. El miedo y el ideal épico aúnan a los recientes enemistados, iglesia ortodoxa y católica, pero ambos desconfían mutuamente; el emperador se ve consternado por la llegada de la masa del ejército cruzado y llega incluso a acordar con el enemigo la entrega de una ciudad asediada por los cruzados, que se sienten traicionados tras muchos muertos en el asedio y sin poder hacerse con la ciudad porque el emperador la toma para sí; mas gracias a eso, la población se salva de una matanza segura
Siguen adelante los cruzados, mueren a miles en ataques turcos, pero éstos son rechazados y se hacen con su primera ciudad, instalan un rudimento de reino con los jefes cruzados al frente, que no querían ya   luchar, pero lo que demuestra el impulso sublime es que no se quedan felizmente en lo conquistado: los soldados imponen su voluntad de seguir hasta Jerusalén, o más bien, los jefes que preferían quedarse y vivir de sus nuevos principados, que no hubieran tenido en Europa, se ven en la necesidad de seguir la marcha adelante arrastrados por el propio embrutecimiento de los seguidores, siendo el detonante un episodio terrible de matanza de árabes con canibalismo incluido, que no venía explicado por el hambre.
La cruz y la media luna combaten, en realidad, las atrocidades de ambos bandos inclinan a pensar en una simultánea impulsión diabólica, que siempre enfrenta a los seres humanos, enarbolando distintas banderas, que se maten entre sí; no simplemente la bandera de Cristo indica que El está conforme. Pero los cruzados compaginan su sincera voluntad de triunfo del Salvador y también su voluntad de que ese triunfo sea "a su modo", el mismo de los árabes, el mismo de la simple humanidad liberada a lo más estremecedor.
Una salida de los cruzados ante un asedio turco provoca en estos la huida despavoridos, y no eran unos cobardes, habían combatido de modo terrible y valeroso siempre, con admiración de los cruzados; lo que ocurrio fue una visión de los turcos que vieron huestes celestiales en lugar de l modestísimo regimiento de 200 caballos que en lo material había; vieron lo espiritual y no lo material y huyeron en consecuencia. Pero fue un episodio que no debe ser tomado como signo de la voluntad de matanza por parte de Dios, sino de misericordia, Dios empastando su misericorida en medio de la voluntad de exterminio, salvando como fatigosamente -hablamos a modo humano- lo que podía de entre las vidas de los humanos, enloquecidos en la matanza mutua.
Sería muy bueno y falta por completo una historia de la humanidad escrita desde una comprensión de la acción de Dios, haría falta una nueva forma de historia que sabe leer la acción de Dios en medio de los desastres humanos, igual que sabían hacerlo los Padres de la iglesia cuando analizaban la historia judía, hace falta una historia hecha desde la fe y más allá de un simple endoso de la iglesia como si no hubiera distinción entre lo brutal humano y la inserción divina, que ha de moverse con su Suma Inteligencia en medio de la pequeña inteligencia carnal, pequeña para Dios aunque para nosotros inmensa y temible por nuestra pequeñez.
El aporte de los cruzados es la guerra y en ese aporte debe Dios sobrellevar su reino; no dará a los cruzados un dominio estable y finalmente el reino católico material desaparecerá, pero quedará para siempre su impronta: todas las generaciones futuras sabrán que miles de hombres lo dejaron todo para conquistar la tierra de su Dios-hombre, sabrán que no hubieran realizado tal cosa por una patraña ni por mero provecho humano (en efecto, las mayores riquezas estaban en el reino bizantino y en la Mesopotamia islámica, nunca atacados). Quedó la memoria de que la iglesia es una realidad porque muchos hombres quisieron morir por su Dios, por su Iglesia, quedó memoria ante todo entre los musulmanes, que ante el valor cristiano aprendieron en el fondo un inmenso respeto, como el que los mismos cruzados les tenían. Quedó el cristianismo, sin reino material, pero sí como reino de Dios. A futuro además todo eso tendrá sus benefactoras consecuencias, aun a pesar de que el reino material se deshizo, ya que no cabe reino permanente sino el de las almas, "el reino de Dios dentro de vosotros está" (El Señor).

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