Dominus Iesus, verdad esencial de la Iglesia y de Jesucristo

Este enlace remite a la declaración Dominus Iesus, del año 2000, firmada por el hoy papa Benedicto con el mandato de Juan Pablo II; pasó casi desapercibida entre nosotros, pero recoge de manera formidable e insistente la verdad universal de la Iglesia y del Señor, sobre todo frente a un relativismo eclesial y cristológico que se extiende en nuestros días, continuidad y actualización del viejo modernismo.
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000806_dominus-iesus_sp.html

Ha sido combatido por toda la teología contestaria, por el magisterio de los teólogos que combaten a Roma y al catolicismo, y que en suma quieren el reconocimiento de la parcialidad de la Fe, de la iglesia y de Cristo.
La fuerza de la impugnación sin embargo nace como siempre en los heterodoxos de múltiples verdades a medias, cuyo núcleo de verdad sólo débilmente afronta el documento vaticano. Ellos ejercen el rol perenne de los acusadores de todos los tiempos, de los acusadores internos, los más eficaces, que insisten en los puntos que la iglesia en su humanidad deja en cada época un tanto a un lado; naturalmente su intencionalidad es destructiva, incluso si se ven a sí mismos como reformadores de bondad, responden a inspiración infernal, que invoca siempre motivos buenos para llevar a la destrucción, como Judas que acusaba a la mujer que ungía a Jesús, bajo la cobertura de guardar el dinero para los pobres, del cual él cogía como encargado de la bolsa.
El documento plantea la cuestión ineludible de que Jesús es la Verdad, la verdad no es un lenguaje sino una Persona, la persona de Dios. "Muchos declaran tener la verdad, pero sólo Yo soy la Verdad" le dijo a un santo el Señor.
Ningún hombre, por católico o pastor que sea puede establecerse como en unidad inseparable de la Verdad, en este mundo nadie está perfectamente unido al Señor, es decir, hay una humanidad que en este mundo puede acercarse a una soldadura lo más perfecta posible con Dios, pero no lo alcanza en tanto Dios no lo disponga; disposiciones imperfectas permanecen necesariamente en gran medida como acicate para no complacernos en nosotros mismos. Y lo mismo ocurre con la Iglesia, es una combinación de humanidad y perfección, la primera es más fácil de ver, la segunda requiere más atención, pero por la primera se facilita a los impugnadores la acusación de global imperfección. La falacia de los acusadores, de los teólogos modernistas y en general del público lego que siempre atraviesa su fase acusadora, sería que puesto que la iglesia tiene imperfecciones bien a la vista su verdad sólo es parcial; ciertamente la iglesia representativa, tiene todas las fallas de la humanidad, fallas incluso de proporciones incalculables, pero la iglesia de Dios no rechaza a la primera, Dios ha decidido vivir "soldado" a nuestra humanidad pecadora, precisamente para salvarla. A Dios no le escandalizan los leprosos, como no le ocurría al padre Damián, Dios permanece ahí con nosotros, incluso derramando mayores gracias sobre los más disolutos pecadores, es la gloria de su Paternidad. Todos estos falsos purificadores de la iglesia son nuevos fariseos, puristas que pretenden una pureza de la iglesia que no es sino la de su destrucción, como se destruye para mejor supuestamente purificar. El infierno tiene siempre la misma propuesta dirigida a Dios y a los hombres: no merecen vivir por la enormidad de sus pecados, dame sus almas, y déjame destruirlos.
Pero ¿qué hay de la verdad de las otras religiones?; de nuevo sus verdades son a medias, como humanas que son, no disponen de la verdad absoluta que es la Persona de Jesucristo y el Cielo, y esto no es una afirmación de soberbia occidental o católica, como dicen los teólogos fariseos, sino una afirmación cosmológica, algo que es verdad al margen de que la humanidad exista o no. Dios tiene un camino, Cristo, Dios quiere que se le obedezca, aunque nos deja en nuestra libertad, para que el mérito sea real. Desde la predicación del evangelio, sabe el mundo que llegar a Dios, que es lo que ha querido siempre la humanidad es posible por el Camino que es Jesús, ahora bien se opone la soberbia humana, que quiere ser autora de su salvación, quiere "su" camino; como dijo San Pablo, hasta la llegada de Jesús, los caminos de salvación paganos habían tenido su justificación como obra humana fruto de ignorancia, (y que Jesús haya tardado millones de años en venir a la tierra es misterio insondable en la Mente del Padre), pero ya no cabe dilación, Jesús es el Todo, el Camino, la Verdad y la Vida, ya no cabe para un espíritu realista otro rumbo.
Ahora bien, cierto es que la iglesia en su soldadura de lo humano y lo divino ante los hombres, sigue dando una justificación a los débiles para no sumarse a ella desde hace dos mil años. Afortunadamente para ellos, los integrantes visibles de la iglesia que se comportan con escándalo podrán ser su aval en el día del juicio. Cristo actúa en ellos ante la deficiencia de sus agentes visibles, no puede dejar de actuar salvíficamente fuera de la iglesia de los representantes. Pero esto no invalida en modo alguno la verdad de la igelsia, de la fe, de los sacramentos, sólo que Cristo actúa anónimamente, sigue actuando anónimamente, y con El su Madre, no la dejemos a un lado, como por cierto se hace también en áreas de la iglesia.
La iglesia que excluye a los leprosos es una iglesia humana, la carga que debe soportar la iglesia divina, la carga que debe llevar Cristo; es esto un fondo de verdad en los teólogos fariseos: que no nos apartemos de los leprosos, porque leprosos somos todos en definitiva ante Dios. Miren a los movimientos en la iglesia, consideran leprosos a los de otros movimientos, miren la praxis para con la mayor parte de las teofanías individuales o la mística mariana, completa declaración de leprosería, de cuarentena y de apartamiento. Es esta una purificación necesaria: budistas, musulmanes, luteranos, opus dei, incluso teólogos de las medias verdades, no son leprosos, son almas, almas ante todo, no ante todo seres erróneos, enemigos. Dios no quiere el bunker, quiere la caridad, pero es cierto que una caridad fundada en la verdad, una caridad según caminos dados por el mismo Dios, una caridad posible desde la fidelidad al programa que Dios dispone para nosotros, para cada uno.
Y desde luego los teologos de las medias verdades no tienen la Verdad que Dios quiere en cuanto se encuentren en la declaración de leprosería dictada contra el vaticano y la dirección suprema de la Iglesia universal.

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