A los padres de la iglesia, monseñor Rouco y Monseñor Cañizares, ante la persecución

Prosigue la campaña de persecución religiosa en España en incontables exposiciones artísticas (sic), textos, prensa, libelos, televisión. La burla de todo lo sagrado, aún de lo más sagrado. Una batalla cultural en toda regla, que pretende el aniquilamiento de la fe en todas las conciencias, y en consecuencia la anulación del mejor humanismo.
Parte de esta persecución es la que se hace en especial a los obispos portavoces de la iglesia, como monseñor Rouco y monseñor Cañizares. Se acabaron los tiempos de cuando la iglesia colaboraba a la llamada transición, en lo que fue un eclesialismo de contribución a la paz.
Es una suerte que exista esta persecución, quiere decir que la iglesia, que la fe siguen vivas, que el infierno se inquieta, que no somos menos dignos que nuestros antecesores en la fe de sufrir persecución.
Los obispos testigos son siempre obispos mártires, la cruz que llevan sin el Cristo es para que se pongan a sí mismos en ella, y no están rehusando. A cada mensaje suyo contra la negación de Dios en nuestra sociedad bullen jaurías exhalando denuestos, amenazas, vejaciones.
Realmente de qué nos vale una vida cómoda, con una paz dada no por el cielo sino por los poderes de este mundo? "Temed a Dios que es el que puede arrojar cuerpo y alma a la gehenna".
Los mártires recientemente proclamados interceden, en suma expectación, sabiendo todo lo nuestro, sabiendo que somos la siguiente generación de su persecución.
Gran suerte la nuestra, suma gracia, de no ser contados entre los que se rebelaron contra su elección santa, cimentando la nueva era excristiana, renegada. En esto podíamos haber caído, y ahora sabemos que la misión es mantener la llama de la fe viva para las siguientes generaciones, que no la extinga el huracán infernal que opera tronando desde las instancias que se ha dado a sí misma esta sociedad con sus proclamas prohumanas, pero antihumanas realmente.
La nueva oleada, esta vez del marxismo rosa, nos acomete, pero al tiempo, como todas las persecuciones, nos devuelve a la conciencia de lo esencial, tras los fuegos fatuos del reciente pasado.
La iglesia mantuvo la civilización frente a los bárbaros, ahora es su nueva misión, sostener la civilización frente a los renegados que quieren acabar con ella desde el nihilismo infernal.

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