La nueva kulturkampf en España

La batalla contra la iglesia y los valores por Ella representados, que se venía gestando desde hace 50 años y que se ha acelerado en los últimos cuatro años, es una secuela tardía del tiempo de las persecuciones con la excusa de la guerra civil. Si se quiere hacer revivir aquella época siniestra (aunque la historia sde repita como farsa) ello no podía dejar de incluir a la iglesia.
Ciertamente las persecuciones son una constante en la historia de la iglesia, sangrientas o solapadas. Ahora toda una generación de ex educandos de la iglesia se ha vuelto contra lo que aprendieron con Ella, contra las verdades en que creyeron, contra el derecho más natural, y aun cuando no se definan como ateos, no usan esa palabra, son ciertamente enemigos del Dios vivo que ha hecho al ser humano.
Esta persecución sin embargo va mucho más allá de las anteriores, donde aún quedaba en pie la ley natural, pero es una lógica continuación de ellas, que han tenido como leit motiv desde el siglo XV la eliminación de la Iglesia.
Tras potenciar el aborto, con cien mil nasciturus eliminados cada año, con la destrucción de las familias tras haber eliminado el prestigio y sentido del matrimonio, con la destrucción de la base patria, se le mueve a los hijos de Dios todo el terreno sobre el que se asientan, se le quita la estabilidad que le permitía afrontar los avatares y desgracias que conlleva la existencia. La iglesia es otro de esos terrenos de enraizamiento necesario que urge aniquilar para destruir a los hijos de Dios.
Este proyecto destructor es ciertamiente multisecular pero ahora se acelera; el infierno se alza contra el ser humano, muchos de cuyos integrantes se han erigido en soldados del inframundo.
Nos ha dicho el Señor que todo esto tiene que ocurrir, todo esto es necesario para discernir a los verdaderos de los falsos ciudadanos de la ciudad de Dios en la tierra. España es territorio permanente de combate, siempre al borde del precipicio, como las buenas existencias de los santos, pero todavía en pie, apabullada pero no destruida, en agonía permanente, sangrando siempre. Los que salgan de la tribulación indemnes en sus conciencias serán coronados, porque éste es verdaderamente tiempo de tribulación y del máximo de gracias, y nunca Dios ha actuado con tanto derramamiento de gracias que verdaderamente llegamos a constatar muchísimos lo que antes sólo captaban muy escasos privilegiados, la extrema familiaridad de Dios y su Madre.
Tribulación magnífica para la purificación y la coronación de Gloria.

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