Jesús histórico y Jesús de la fe

Esta distinción iniciada hace más de 100 años en el campo de los estudios de crítica bíblica protestantes era ya un tema de tal extensión entre los estudiosos supuestamente católicos como para llamar la atención del Papa San Pío X y condenar esa distinción en su encíclica Pascendi de 1907. Lejos de acabar con ella ha seguida viva hasta hoy y ha penetrado mortalmente en los ánimos de los católicos de la hora presente, confusos por los últimos tiempos.
Como exponía el Papa, esta distinción es mortal para la fe. Significa en el fondo arrinconar a Dios en la hipotética esfera de las creencias subjetivas, mientras que el campo de lo objetivo tendría como principio básico la razón conforme a los métodos historiográficos.
Pero la fe no puede ser separada de la historia. Bien es verdad que hoy existen estudios sobre teología de la historia que podría esperarse reconociesen la primacía de la fe para la inteligencia histórica, sin embargo no responden a eso, constituyen una prolongación del viejo modernismo reforzado hoy.
La separación fe-historia es buena para que los teólogos mantengan sus puestos de trabajo, para que como comunidad intelectual sigan las leyes académicamente correctas, que no son sino el seguimiento de lo que mandan los que extienden las patentes de academicismo. Fuera de ese mundo, que es el que ocupa los foros de la ortodoxia académica, los demás tenemos derecho a disponer de una verdadera hermenéutica de la historia, que es la de la comprensión de la misma a la luz de la fe, es decir, de la constante intervención divina, que no sólo ha creado al ser humano sino que lo guía, instruye, y corrige en su biografía colectiva y personal.
Hay un libro, sobre "Hechos de la Madre de Dios, la gran desconocida" que fue remitido a las siguientes editoriales:
BAC
Trotta
Apostolado Mariano
María Mensajera
Libros libres
Edaf
y alguna otra más, y ninguna de ellas quiso saber nada del libro, que recopilaba los hechos de la Madre de Dios en la historia. Muchas objeciones seguramente les parecían válidas, pero el libro es un ejemplo de esta relación entre fe e historia, indisolubles, según la cual, no existe propiamente dicho un espacio inalcanzable para la acción de Dios y sus agentes.
Hay un campo fecundo para estudios libres a futuro que es el de la total reconstrucción de la historiografía desde la fe. Lo que ya hicieron los antiguos padres de la iglesia que nos legaron la lectura adecuada del antiguo testamento en términos de teología o fe de la historia.
Ciertamente es el momento de la negación de Dios, del ateismo práctico, de no reconocerle nada, con argucias como de la separación fe e historia, pero esto siempre ha ocurrido y debe alimentarse a los creyentes con exposiciones sin complejos (tarea exigente sin duda) de una visión de la historia y de la biografía personal desde la fe, y en concreto de una fe tal como ha sido construida estrictamente por la manifestación divina tanto pública como privada.

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