Movimientos católicos, que entre la misericordia

Un matrimonio del movimiento neocatecumenal hablaba en la radio de su experiencia como matrimonio "enviado"a misión ; la misión era la isla de Guam. El último de sus cuatro hijos nació allí y tiene el síndrome de Down. Se apreciaba un acento de resignación por la extrema dureza de sus experiencias. El esposo buscaba alguna razón válida como el de servir de testimonio ejemplar y la esposa se refería a la vivencia sacral del matrimonio en esas condiciones de vida.
Otros movimientos también envían matrimonios a fundar y sostener asentamientos en otros países o en otras regiones. Invariablemente sobreviene la desolación. Se cree que ésta sea compañera inevitable de la fidelidad; los matriomonios creen que cumplen la voluntad de Dios, creen que cumplen una voluntad de Dios en su sufrimiento. Han tenido grandes certezas, sin duda todo lo de Dios es verdadero, la verdad de la fe, de la iglesia, de los contentos internos que se han tenido, de las emociones vividas en grupo, creen que no hay solución de continuidad entre lo que Dios quiere y lo que quiere la dirección del movimiento.
Los dirigentes generalmente son duros como el pedernal e imponen su dureza: hay que servir a Dios contra viento y marea y el que no pueda con ello que se vaya. Ciertamente la dureza humana y Dios no son equivalentes; cuando Dios muestra en la biblia su enojo y toma disposiciones drásticas es frente al pueblo de dura cerviz, no pueden los hombres tomar esa parte para justificar la dureza perpetua; en efecto, muchas de las personas que llegan a los movimientos son sensibles, confiadas, deseosas de estar con Dios, son personas también débiles y vulnerables, que se sienten acogidas por la fraternidad que les muestran los movimientos, y que necesitan un cobijo en un mundo tan duro y hostil donde la caridad y el aprecio por la sensibilidad religiosa brillan por su ausencia.
En los movimientos se encuentran un todo revuelto, las buenas cosas y las posiciones tomadas por los que reunen condiciones que pueden encontrarse en cualquier organización humana, demasiado humana. Se racionaliza lo humano, lo humano abusivo, bajo el manto de ser disposición divina, se utiliza la justificación divina con extrema facilidad, lo que jamás se haría entre infieles desde luego.
La iglesia debe hacer un discernimiento sobre los movimientos, aunque ha de tenerse en cuenta que buena parte de la iglesia está "tomada" por ellos, por ejemplo 90 obispos y cardenales se reunieron en el congreso de febrero pasado de amigos de los focolares. Los movimientos mueven millones de personas y mucho dinero y reparten influencias. Bueno, esto ha ocurrido siempre en la iglesia, es parte del milagro de la iglesia, que siga existiendo llena de bomberos pirómanos, como ha ocurrido siempre, sea cual sea el siglo al que podamos referirnos. La iglesia sigue viva en milagro permanente, pero ha de hacerse algo en favor de los dañados por los efectos secundarios, de esa lógica férrea que se apodera del dictum divino para fines humanos, que llega a revestirse de la figura incluso de la Madre de Dios para justificarse. Desde la epoca de los Tertuliano, en los primeros siglos, pasando por los hermanos de la vida común, en el siglo XV, que daría paso a una espiritualidad férrea, que derivaría en el sectarismo protestante, de férreas comunidades, se ha continuado hasta hoy. Los damnificados son muchos, que han descabalgado de los movimientos, que han sido tratados como los "lapsi", que no pueden superar el machaqueo de su conciencia (que sufren igualmente los "internos" y en general todo católico verdadero) pero ellos quizá más, porque lo que oyeron en los movimientos sobre la defección les sigue condenando.
Hay mucho sufrimiento innecesario. Hay que extender la misericordia tal como la entiende el Cielo (no solo como una devoción, una práctica, un rezo a las tres de la tarde). La misericordia debe introducirse en la espiritualidad católica, quitarle los hierros y las argollas a los que quieren ser de Dios y no encuentran sino ataduras en los movimientos, que no les dejan volar, que los atan al banco de los galeotes. No sé si hay que refundar los movimientos, porque no creo que sean refundables, pero sí que toda fundación nueva católica debe tener el signo de la misericordia como prueba irrefutable de que es querida por Dios y no un mero usufructo de las riquezas divinas para atraer a los hombres.

Comentarios

romina ha dicho que…
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