Qué es en verdad el Progresismo en la Iglesia

Reproducimos aquí un texto de hace algún tiempo que explica muy bien el quid del progresismo entre nosotros, en la Iglesia, escrito de una manera muyy pedagógica y paternal:

Quiero explicaros qué es el progresismo. En pocas palabras yo diría que es el protestantismo disfrazado de catolicismo. Hace poco, un progresista que se tiene por católico, me negó claramente el dogma de la infalibilidad del Papa. Es, por tanto, una traición a Cristo. Los progresistas son sal de la tierra que se ha vuelto insípida. El progresismo es la herejía moderna que revuelve lo cristiano contra Cristo y persigue a los cristianos con la más dolorosa de la persecuciones: la familiar, la de hermanos contra hermanos.

Satanás instruyó un ejército de diablejos y los envió a socavar la tradición, las costumbres y las artes en que se habían encarnado el Dogma, la Moral y el Culto, después de siglos de Cristiandad. Los progresistas impusieron la comunión de pie, los pendientes en los hombres, los pantalones en las mujeres, el culto a lo feo, el odio a las formas que no fueran deformes; exasperaron el odio entre ricos y pobres, sabios e ignorantes, poderosos y débiles, viejos y jóvenes, padres e hijos, maestros y discípulos, de manera que, en vez de ayudarse, guerrearan.

Fracasado el marxismo, el progresismo todavía sobrevive en la idolatría a la democracia ejercida para propagar el odio a la tradición de nuestros padres, a la fidelidad de los matrimonios y al nacimiento de nuestros hijos, sin que nadie haga caso de nadie, hasta conseguir que la misma autoridad se inhiba.

Quiero transmitir a todos mis ahijados, mi experiencia personal de la década de los años 60, para desahogarme ahora con vosotros, ya que no puedo volver el tiempo atrás y echarles en cara sus mentiras y equivocaciones. Los mismos que hace 25 años nos tildaban de exagerados porque decíamos que "oiríamos hablar del aborto, el divorcio y la eutanasia", ahora aprueban su legitimidad. Al fin los comunistas, que lo querían todo, se han quedado sin nada y los capitalistas, que lo tienen todo, no saben qué hacer con ello por falta de creatividad y, cansados de sus mismos avances tecnológicos, estan en una grave crisis económica.

Quisieron predicar un nuevo evangelio y sus frutos han sido una paganización que requiere una nueva evangelización. Sus manías eran predicar la caridad y decir que el comunismo tenía cosas buenas. Tenían caridad con todos excepto con los que les decíamos la verdad. No veían la viga en su ojo y criticaban la paja en el de los que defendían la Fe, como aquellos de que nos habla el profeta Isaías (29,21) que "por una palabra culpaban a un hombre y daban de lado al justo por nada".

Ahora parece que no creen en Dios ni le temen, pero tienen un extraño miedo o respeto por no se sabe qué. Como si los altos directores que han hundido las grandes empresas, los gobernantes que cínicamente se jactan de ser los sucesores de los que asesinaron a los que ahora la Iglesia proclama mártires santos, o el pueblo que ha renegado de su patria y de su Fe, lo merecieran.

Están siempre inquietos buscando algo que no alcanzan. Siguen dando vueltas a los mismos tópicos de hace nada menos que un cuarto de siglo. Cuando discuto con ellos me doy cuenta de que el que ha "progresado" soy yo. ¡Qué cierto es aquello de la Misa del Miércoles de Ceniza: "El que medita la ley del Señor día y noche da frutos en su corazón". Uno de ellos me decía hace poco: ¿Ya te has comprado el nuevo catecismo?. Recuerdo que le dije: Mira, a mí este Catecismo no me sorprenderá en nada, y, por eso, no tengo ninguna prisa; además, no se llama "Nuevo Catecismo". Es exactamente el "Catecismo de la Iglesia Católica". Este Catecismo les pone muy nerviosos. Los que ahora niegan la infalibilidad del Papa, trataban, hace veinte años, de meternos escrúpulos de no seguir lo que ellos pensaban que era la "nueva doctrina" de la Iglesia.

El progresismo ha sido la vía por la que la cristiandad ha quedado reducida a un resto. Sabes que la historia de la salvación, a grandes rasgos, puede resumirse así: primero fue enviado el Mesías a los Judíos, que no le recibieron. Luego, a los gentiles. Pedro estableció su cátedra en Roma, pero al fin, la Ciudad de las Siete Colinas también ha renegado de su confesionalidad católica. Al Papa se le tolera ahora como una atracción turística. Dios ha permitido que, por culpa del protestantismo y del progresismo, casi desaparezca la Cristiandad para que "Dios pueda usar de misericordia con todos" (Rm 11,32), judíos y gentiles.

La señal que Dios da a Ajaz es precisamente el fruto de un seno virginal, donde nadie, fuera de Dios, ha hecho nada. Es exactamente al revés de lo que pretende el progresismo, lo mismo que cuando se mordió la manzana del Edén y se construyeron los zigurats babilónicos, las Torres de Babel que quiso levantar aquella especie de masonería asiria. El Papa Juan Pablo II nos decía el día de Navidad: "La humanidad no cesa de preguntarse: ¿Porqué se ha hecho hombre el Hijo de Dios?. A veces parece decirle: No lo hagas. Quédate en el cielo". Es la quimera del progresismo que busca la salvación en las propias fuerzas, que, como Satanás, quiere ser principio de su bienaventuranza, lo cual es propio de Dios. Quieren salvarse a sí mismos y no quieren Salvador.

Pero nosotros, aunque humildemente nos reconocemos también envenenados con esta droga, confiamos en el Sagrado Corazón de Cristo Rey, por el cual somos libres y nos salvamos, y cuyo Reinado Social, al final de la historia, vendrá por el triunfo del Corazón Inmaculado de María, Madre de la Iglesia por El fundada.

Un beso muy fuerte de tu padrino:

Manuel Ma Domenech I.

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