Sanación del repudio

Si hay un rasgo fariseo entre católicos, en perfecta continuidad con el que vemos en el evangelio, es el repudio de los que no están en la verdad en la que nosotros creemos militar. Tenemos buenas razones para el repudio, incluso de apariencia muy objetiva: daños infligidos a la iglesia, devastación religiosa, abominaciones, etc. Es como si con la religiosidad no pudiera no estar presente el repudio.
Así, hay que recorrer un largo camino, para desembarazar la verdad del repudio. Pero esto no lo podemos lograr por simple higiene espiritual, es necesaria una fuerza que venga de lo alto y que nos limpie. Pedir la sanación del repudio exige por lógica previamente llegar a una conciencia de que este mal nos habita.
Hay que llegar a una sanación del repudio de los otros (que generalmente aplicamos a quienes llevan una religiosidad de distinto signo al nuestro, dentro o fuera de la iglesia católica) y ello sin salir de la verdad. Las prostitutas y los publicanos de hoy para nosotros son los miembros de otras espiritualidades.
Las prostitutas y los publicanos de hoy para nosotros pueden ser personas sumidas en ideologías, religiones que consideramos nefandas.
La crucifixión o sanación de nuestra sensibilidad de repudio debe ser practicada, pero con guía certera, sin embargo, no veo guías preparados para esta tarea, ni es esto algo que se enseña. Solo hay cura desde una vivencia marial que solicite de María el apartamiento explícito del repudio en nosotros y la puesta en práctica de convivencias con los repudiados (no es necesario declararles esa intencionalidad), como si dijéramos una inmersión entre personas que militan en grupos repudiados, pero ojo, no hemos de ir en plan de rescatadores, porque si se va así, se suele ser absorbido, sino llevando el límite claro de que vamos para nuestra sanación, la de nuestro repudio, no sea que nos ocurra como a alguien que conocí que quiso rescatar a una chica de una secta y quedó metido en ella. La prudencia indica que no practiquemos experiencias de sanación del repudio con cualquier tipo de secta, sino darse plazos límite y estar solo un tiempo, y no de lleno sino de forma limitada, en intensidad y duración. Esto exige la prudencia también de tener a alguien en el exterior que nos guíe y advierta contra posibles seducciones.
Esto deberían practicarlo no cualquiera sino aquellos inmersos en un repudio grave, sistemático y de mucho tiempo atrás.
La cuestión es grave, no podemos aplazar la sanación, es preciso ya aquí iniciar el espíritu de misericordia, y hay que llevar bandera de Santa María, ir regidos por Ella. Todo antes de descubrir solo en el juicio final que María Santísima tiene una capacidad infinita de excusar a los acusados por satán (que significa el acusador), temamos no estar en realidad haciendo su función, la función del gran acusador y entremos en el espíritu de misericordia.
La vida espiritual requiere a menudo atravesar varias etapas, quizá la primera descubrir a Cristo, que es el Todo, pero luego llegar con El hasta María (o quizá la ruta sea a la inversa), pero no basta con eso si se puede hablar así, es necesaria la etapa final, la instauración de la misericordia en nosotros, liberándonos de los repudios acumulados desde lo que creíamos nuestras evidencias de las faltas ajenas, y la mayor de ellas, contra la virtud de la religión, o contra el mismo Dios.

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