España, de nuevo luchan la cruz y la anticivilización

"La división profunda de las dos Españas que se batirán en los campos de batalla...Los poderes públicos han sido intimados a oponerse por los recursos legales a la revolución inminente. La tentativa fue ineficaz y estalló el conflicto, chocando con la furia desencadenada de unas milicias populares que al amparo por lo menos de la pasividad gubernamental se arrojaron como avalancha destructora contra todo lo que constituye un sostén en la sociedad.
Porque Dios es el mas profundo cimiento de una sociedad bien ordenada -lo era de la nación española- la revolución aliada de los ejércitos del gobierno fue sobre todo antidivna.
Se cerraba el ciclo de la legislación laica de la constitución con la destrucción de cuanto era cosa de Dios. Salvamos toda intervención personal de quienes no han militado conscientemente bajo este signo.
En el alma nacional se produjo una reacción de tipo religioso correspondiente a la acción nihilista y destructora de los sinDios. Y España quedó dividida en dos grandes bandos militantes, cada uno de ellos fue como el aglutinante de cada una de las dos tendencias profundamente populares y a su rededor y colaborando con ellos polarizaron en forma de milicias voluntarias las fuerzas opuestas que tenían dividida la nación.
La lucha blanca de los comicios, la falta de conciencia del gobierno nacional dio arbitariamente a las fuerzas revolucionarias un triunfo que no habían logrado en las urnas, que se transformó por la contienda en la lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias, la espiritual que salió a la defensa del orden, la paz social, la civilización tradicional y la patria y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religion, y de la otra parte, la materialista, que quiso sustituir la vieja civilización de España, con todos sus factores, por la novísima civilización"

Son párrafos del episcopado español en 1937, del que hemos retirado palabras propias de la época y dejado un resto que sigue siendo actual, que puede aplicarse para comprender la actual situación de España.
Dos civilizaciones siguen disputándose el país, la primera la de una sociedad estable y pacífica que sabe el valor de la familia, la iglesia, las buenas costumbres y que pone freno a la disolución, la otra es una civilización de subversión, generada por "los espíritus burlones", la pars destruens, dedicada a humillar sin límite a sus compatriotas, a negar a Dios, a España y a la sociedad bien fundada en la paz familiar y social.
Es un proceso de inauditas humillaciones que se suceden cotidianamente, con gran eco de los medios de comunicación, acompañada de asesinatos, in crescendo en los últimos tres años, y de momento los humillados, y el espíritu de la nación, sufren un revés tras otro. Terrorismo y las diversas fuerzas gubernamentales, bien pertrechadas de maquinaria propagandística muy acorde a los refinados tiempos actuales, se han coaligado contra la sociedad española bien fundada, y tienen tras sí a la mayor parte de la intelectualidad, los medios de comunicación y la financiación pública, y con ello lamentablemente a muchos millones de españoles, que creen estar en la lógica, la cordura y la elegancia de pensamiento, sin darse cuenta de que sus glorias son sus vergüenzas.
Parece el destino de España, es el solar designado para que tengan lugar en él las grandes luchas de las dos sociedades, una de las cuales es amparada por el Cielo y la otra es instrumento ciego del imperio infernal. En el pasado, la cruz contra el islam, la cruz contra la revolución imperialista francesa, la cruz contra el imperialismo marxista, y ahora la cruz contra la síntesis de todas las revoluciones, sociales, ateas, terroristas, laicistas, perseguidoras de la iglesia y de todo sostén de la conciencia humana, destructora de toda presencia divina en el interior de los seres y en el exterior social.

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