¿Cuánto influyó el infierno en la condena del Señor?

Solemos dudar acerca de cuánta es la influencia del demonio, hasta dónde llega la responsabilidad humana, si el mal que obramos le debe ser atribuido solo al demonio, si es totalmente responsabilidad nuestra, etc.
Ningún tratado de teología ha respondido a esto de una forma, digamos empírica, aunque sí sabemos por fe y comprobación directa que hay voluntad humana e influencia maligna.
Pero hay una información para mí por completo fidedigna proveniente de María Valtorta, en su Poema del Hombre Dios. Cuenta por gracia y visión que si bien el infierno influyó en el odio al Señor por medio de los fariseos y demás, los demonios se dieron cuenta de que El era el Redentor del mundo, y entonces quisieron parar el proceso, sin embargo no pudieron. Eso es lo que explicaría los remordimientos de Judas (que si hubieran sido de origen divino habría sido perdonado) y eso explicaría los sueños de la mujer de Pilatos, y su presión para que abandonase; también vendría explicado por esa influencia demoníaca los intentos casi desesperados de Pilatos por librar a Jesús. Todo fue en vano, porque la voluntad de los enemigos del Señor había llegado a un punto de maldad tan irreversible, que ni siquiera el infierno pudo modificarla con todo su teórico poder.
Ahí se aprecia algo que para el propio infierno es sorprendente, que el ser humano es capaz de superarle en voluntad de mal, eso sí, dentro de una falta de inteligencia atroz. Aunque de toda esa mezcla de impotencia demoníaca e ininteligencia absoluta humana, sacó el Cielo nuestra Redención.
Correspondamos a nuestra vez con un mínimo de agradecimiento y sentido sobrenatural compensando al Señor por tanto padecimiento y que no sea estéril en nosotros su Redención.

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