La destrucción (física) del Vaticano.

Ha sido siempre un hecho que los nombramientos eclesiásticos de mayor nivel han sido objeto de presión política y de habilidad personal. Los promovidos -con algunas significativas excepciones de obispos dignísimos- lo han sido por intereses mundanos. La inmensa mayoría de los prelados ya no responde a un perfil espiritual sino de política intraeclesial (una vez erradicados de la política normal). Todo lo que rodeó a la muerte de Juan Pablo I lo demuestra. Esto afecta tanto a la Curia romana como a los obispados de todo el mundo. En estas condiciones puede entenderse el rigor mortis que afecta al conjunto eclesial.
Ahora bien, el mal está tan avanzado que no puede vislumbrarse una fuerza capaz de producir una reforma cercana en el tiempo. Juan Pablo II dejó en suspenso la limpieza que proyectaba su antecesor aplicando la máxima del Señor: dejar que crezcan el trigo y la cizaña, ya llegará el tiempo de la siega y entonces se hará la separación.
Pero en estas condiciones no es difícil entrever que si la propia iglesia no se reforma el mismísimo Señor actuará dejando a los satélites de satanás que la aflijan derribando el símbolo máximo de la iglesia histórica, el Vaticano.
No haremos como Lutero, pretender y crear una iglesia nueva, con nuevos y falsos modelos de espiritualidad y política eclesial, no diremos que la iglesia es masónica y cosas así, ya está todo dicho y se ha decretado el silencio administrativo, no querrán oir porque ya han decidido no querer oir, con decir que quien hace esas referencias es ultraconservador ya se encuentran defendidos y justificados.
Si la iglesia se empeña en seguir el rumbo del judaismo no parece descabellado pensar que el Vaticano sufrirá el destino del templo de Jerusalen, y que del Vaticano quedará sólo un muro de lamentaciones.
Ahora bien, el Señor sabe lo que debe hacerse y a qué tiempo, nosotros no le diremos nunca que haga caer fuego del cielo, pero sí que ataje el mal si es preciso con cirugía, porque los hombres siguen sus caminos depravados. Todo para que se salve la iglesia y deje de ser sal pisoteada por los caminos.

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