Propaganda y verdad en la iglesia

Si hubiéramos de deducir la naturaleza de la iglesia por el tipo de información que se da en sus medios oficiales u oficiosos, habría que decir que es espacio de perfección, ninguna mancha, ninguna contradicción interna. Pero cuando tiene lugar esta impresión, la información no es tal sino propaganda.Por ejemplo, se habla de los problemas de la educación, de la asignatura de religión, y se silencia que la inmensa mayoría de nuestros gobiernantes anticristianos han salido de colegios y universidades de la iglesia. Qué ha pasado con la educación de la iglesia para que el máximo de animadversión (que no se encuentra en los ateos de raigambre genealógica) provenga de los antiguos educandos. Se silencian tantas horas de supuesta religión dedicadas a la falsa educación sexual o corrupción de menores y tantas horas dedicadas a promover nacionalismos y guerrillerismos de toda índole.Se habla de la iglesia como si fuera comunidad sin tacha y se silencia la oposición terrible entre obispos y el hecho de que no sean la espiritualidad y el intelecto, sino la habilidad versallesca, la que decide la inmensa mayoría de los cargos jerárquicos, desde obispados hasta curia romana. No por eso condenaremos a la iglesia, aunque lo suyo en tantos mandatarios sea la habilidad y la diplomacia, no dejan de ser cualidades necesarias, y no dejan de tener su rescoldo espiritual estas personas dirigentes. Pero no vivamos en el nirvana propagandístico, como si la iglesia fuera sociedad perfecta, teología que por cierto aducen ser pensamiento anticuadísimo, pero que es la teoría que se deriva de programas mediáticos de iglesia.Tendríamos que distinguir mucho mejor entre iglesia humana, caracterizada por una sociología de las organizaciones sumamente convencional, llena de banderías e intrigas, e iglesia perfecta, que no se solapan automáticamente. Aunque ahora estoy yo mismo hablando humanamente, porque en realidad no existe iglesia fuera de una común maternidad, la de María, una común fraternidad, la de Jesús, y una común paternidad, la del Padre.La iglesia, lo que la justifica, lo que la hace necesaria, e incluso el que no haya que cortar trigo y cizaña, sino dejarlas hasta el tiempo oportuno y que la siega selectiva la haga el Señor, lo que la hace necesaria digo, es su efusión de los sacramentos sobre el mundo, lo que es capaz de hacer incluso si muchos de sus sacerdotes prácticamente no creen en la eficacia de lo que hacen. Y nosotros haremos una gran tarea si rogamos al dueño de la mies que los sacerdotes y obispos sigan dando los sacramentos al mundo.

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