Masonería amorfa

Cuántos millones de páginas dedicadas a la masonería, entre ellas las oficiales de la iglesia condenándola.
En los últimos tiempos es frecuente hablar de masones entre la jerarquía eclesiástica al más alto nivel, incluso con listados de nombres propios.
Sin embargo, la masonería común no es la que pertenece a logias, sino la del corazón, tan secreta que en ella puede estar hasta el más pintado ¿Cuál es ésta? Pues es muy fácil pertenecer a ella, el documento de inscripción lo firma el corazón y se llama acepción de personas, es decir, aquello de San Pablo dicho a una comunidad: "viene un grande y le dais el sitio de honor, viene un pobre y le decís siéntate en el suelo o quédate de pie".
Algo que puede practicar incluso quien no sabe qué quiere decir el Gran Oriente. Algo que está detrás de la caída de la Iglesia, algo mucho peor que la herejía, porque ésta es exterior y formal y la condición masónica es como connatural.
La masonería que cursa como moneda común está por todas partes, es imperio sobre las almas, bajo excusa de institución divina. Es muy claro esto, si comparamos parroquias y movimientos eclesiales, en aquellas los fieles o menos fieles acuden, sin imperativos, aunque sea por criterios formales o sociales, pero siempre recibiendo gracia, en los movimientos y otras organizaciones, hay un control del alma, y desde luego, el fomento interesado de aquellas personas que aparentan una valía: ponte aquí en el lugar de honor tú que tienes influencias, tú que tienes títulos, tú que tienes verborrea, para sumar prestigio...
Ya el sanedrín judío de tiempos de Jesús era masón, por tanto mucho antes de la creación de las primeras logias explícitas. Y Jesús se movía en su ámbito, sin hacer el menor análisis socioreligioso ni el menor listado de nombres, sólo respondiendo cuando le interpelaban, y su llamada convertía a los masones de los que era posible esperar algo, pero en todo caso, los masones de entonces y los de hoy, no son sino piezas en la gran trama divina, son los que santifican la iglesia llevándola al patíbulo, los que establecen la criba entre la iglesia humana y la iglesia divina, un gran favor en suma, y nada más.

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