El secreto del fracaso espiritual según la Madre Sorazu

Tomamos este párrafo de la autobiografía espiritual de la Madre Sorazu, concepcionista franciscana, (FUE, 1990):

Acontece a muchas almas, las cuales, encandiladas con los primeros albores de la contemplación, por gozar las delicias que las procura el tratamiento amoroso de N. Señor, descuidan la práctica de la vida mariana, y cuando llega la noche de la prueba y Jesús se oculta a sus miradas, esperan su vuelta con los brazos cruzados, cinco, diez, quince años, hasta que cansadas de esperarle, se abandonan a la desesperación y muchas salen del purgatorio más viciosas que lo fueran antes de experi­mentar las delicias de la piedad, y más de una perdieron to­dos los dones que poseían, hasta la vocación, y la fe, todo esto porque no se cimentaron en la Virgen Sma., sino que rechazaron la vida de unión con María, pensando que arri­barían más pronto a las playas de la divina unión, buscando directamente a Jesucristo. ¡Pobrecitas!
Conozco un alma que prometía escalar en poco tiempo las cumbres más altas de la perfección por las rela­ciones que la unían a Jesús directamente. Amaba sí a la Sma. Virgen, pero no dependía de la Señora y quizá con la mejor intención, un día exteriorizó la poca estima que hacía de su Patrocinio. Fue el caso que le tocó emitir los votos solemnes en compañía de otra religiosa. Esta, de acuerdo con la Superiora, eligió para hacer su profesión una festivi­dad de la Sma. Virgen para interesar a la Señora en su reli­giosa vocación y merecer su patrocinio.
La aludida eligió una festividad de N. S. Jesucristo con empeño tan pertinaz que la Superiora y la religiosa amante de la Virgen se vieron obligadas a condescender y lo hicie­ron con verdadero sentimiento, no porque estimasen más a la Virgen que a Jesús, sino porque sabían por experiencia que no hay virtud sólida sin la verdadera devoción a la Se­ñora, y que el mejor medio para agradar al Hijo divino y merecer sus predilecciones, es honrar a su Madre y mode­larse en su corazón.Precisamente el día elegido por éstas era la fiesta del Corazón de María. Justo castigo de Dios. Pocos días des­pués de su profesión la religiosa prevaleciente fue sometida a la dolorosa prueba de la ausencia de Jesús. Ocultóse éste a su mirada y quedó sumida en la tribulación, y andando el tiempo después de haber sufrido horrorosamente en el pur­gatorio de la vida espiritual sin más alivios que los que se procuraba con los frecuentes desahogos que tenía en el con­fesonario y con varias religiosas, perdió la fe, la esperanza, la caridad y las demás virtudes y llegó a ser la piedra de es­cándalo de la comunidad a que pertenecía y el azote de ésta, una cruz pesadísima para todas y cada una de sus hermanas y el centro de las desventuras. Su vida parecía un infierno anticipado, confesando ella misma que padecía en vida las penas del infierno sin mérito porque lo sufría por fuerza y a ratos maldiciendo la hora de su concepción porque pre­fería la aniquilación a la vida. Quiera N. Señor que este ejemplo ‑he atenuado la gravedad de la penosa situación de la paciente‑ sirva de escarmiento a las almas que descuidan la práctica de la vida mariana y las arrastre a todas a profesar la verdadera devoción a la Sma. Virgen para que en lugar de las imprecaciones que profieren las almas antimarianas contra Dios, contra la creación y contra sí mismas cuando se ven defraudadas en sus anhelos de unión divina repitan con todo su corazón saboreando el cumplimiento de los tesoros que encierra: Todos los bienes me vinieron con ella, omnia bona pariter cum illa. Así sea .

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