El Papa de Ratisbona y el Corazón de Jesús

La iglesia católica lleva mucho tiempo sumida en el síndrome de Estocolmo. Uno de los rasgos es cebarse en aquellos términos de sus acusadores históricos y centrar en ello el discurso. Es el caso de la Razón con mayúscula.
Ha sido el tema del Papa en su conferencia.
Pero no existe una Razón suprema si no es Dios mismo, no puede hablarse de razón suprema como un ente endógeno del ser humano.
Entonces, fuera de Dios, no tenemos Razón sino razones, cada cual la que le convenga y si se tiene más fuerza que los demás se les impone.
Una razón muy elemental es la de calcular los medios para conseguir los fines. Y entonces no puede hablarse de que el Islam esté falto de razón, sigue unos medios, con violencia o no, con yihad o no, pero no le falta la razón para el fin que quiere conseguir.
Invocar la Razón, como el gran arma que permitirá confluir con Dios, es un contrasentido, es defender un dios, el del intelecto.
Antes de que explotara la razón autónoma con la revolución francesa, había sido ya construida como sistema de la pseudoemancipación humana, por los filósofos. Frente a ello Dios respondió, no con un diálogo, sino con su manifestación a través del Corazón de Jesús.
¿Qué hay del Corazón de Jesús? ¿Qué hay de las grandes razones del Corazón de Jesús?
Debe acabar esta pugna exasperada por ser comprendidos del mundo, usando su lenguaje y sus mixtificaciones.

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