En qué tienen razón cuando nos llaman fundamentalistas

El padre Claret en su autobiografía habla de cierto sacerdote de gran cultura cristiana y muy postulador de preservar el catolicismo. Pero cuenta que era muy agrio y echaba a los penitentes.
Hace poco tiempo murió un sacerdote español, ya muy mayor, pero que me recordaba a este que cuenta San Antonio María Claret. La base de su inyección de desesperanza eran los sermones, cuyo centro era "no sois y no haceis" entremezclado con cosas buenas. Los pobres feligreses salíamos hechos polvo.
Fui a hablar con él un día fiesta de Santa María Magdalena, para decirle que no había sido una mujer tirada de la calle como se dice habitualmente, sino una gran vividora de alta alcurnia, datos que sacaba yo de la obra visionaria de María Valtorta, El hombre Dios. Ante estas palabras, el sacerdote se incomodó mucho. Porque él como la inmensa mayoría tienen metido a machamartillo que todo lo que sea revelaciones vade retro. Les importa nada lo que dijo San Pablo sobre examinar los espíritus y quedarse con lo bueno.
Muy poco después de nuestra entrevista este sacerdote falleció, no quiero decir que esa fuera la causa, y me enteré dos años después, durante los cuales había dejado de ir a aquella iglesia, no porque yo estuviera enfadado, sino porque estaba sensible al rechazo que habia visto en aquel sacerdote. Y cuando supe que ya no vivía volví. Ahora hay un nuevo sacerdote que no me provoca rechazo, pero eso sí, me guardo de ninguna entrevista.
Decía el padre Claret que el talante agrio, inculpatorio sistemáticamente a la grey, y bajo capa de mantenimiento de la fe y las buenas conductas, indicaba una colaboración objetiva con el demonio. Porque la enseñanza que subyace en ese talante es negar la misericordia de Dios e inducir el desánimo.
Pero justamente esta enemiga revelatoria impide aceptar las enseñanzas de nuestra Madre por las mil vías que tiene, y que precisamente nos quitaría ese talante agrio con el que llevamos a menudo nuestra fe, o sea en la dureza de corazón. Y no solo eso sino que evitaría que cayeramos en las herejías de la hora presente, que se condensan en el neoprotestantismo, práctica común en numerosos movimeintos y praxis eclesiales.

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