Ballanche, el primer modernista

Escritor francés, estremecido por la caída de la monarquía y el terror de la revolución francesa que guillotinó en su ciudad a 700 personas. Usando una teología de la providencia, con el dato de que la caída a pesar de todo tiene magníficas consecuencias, porque nos trae al Redentor, extrajo una teoría positiva de la historia, donde incluso las catástrofes nos llevan a un futuro mejor, y de modo más general, una fe en el progreso necesario.
Después de él, otro escritor, Lamennais, con su diario L´Avenir (s.XIX), promovió la visión positiva del progreso y la historia, conformando el liberalismo católico, condenado por Roma. Llevado de su optimismo creía que el Papa estaba ciego de remate, pero que eso era bueno, eso conduciría a una caída de la Iglesia tal como se conocía y llevaría a una Iglesia más pura y verdadera.
Estos ejemplos son una buena enseñanza para evitar que caigamos en un aberrante modo de pensar, con capa de positivismo.
Aunque condenadas las tesis del liberalismo, sobrevivieron y se extendieron, hasta llegar al mismísimo Vaticano II, ¿bajo qué forma? Pues con la conciliación de la iglesia y el mundo, lo que fue el trabajo preparatorio de muchos teólogos durante el siglo XIX y el s. XX, incluyendo personalidades como Henri de Lubac y el actual papa Benedicto XVI, quien afortunadamente cayó a tiempo en la cuenta del abismo al que éramos conducidos y modificó por completo su rumbo.
Lo sibilino de las formulaciones teológicas impedía para un fiel común e incluso para personas preparadas darse cuenta de cambiazos importantes implícitos, lo que ha llevado a la extensión de las tesis modernistas o neoliberales, de modo que son en la actualidad una extraordinario ortodoxia invertida, con respecto a la Verdad de la Iglesia.
Los norteamericanos le llaman name calling al procedimiento para silenciar a los opositores poniendoles motes despectivos para confinarles en la marginación, en este caso el término utilizado es el de católicos tradicionalistas. Un absurdo porque la misma Iglesia es el resultado de una Tradición, santa desde luego. Frente a ella el protestantismo, que es ahora la doctrina en la iglesia católica, opuso la vuelta a las raíces, o sea una treta para cargarse la tradición. Hoy la acción supresora del protestantismo se ha llevado y está llevando en la iglesia con todo secretismo, durante décadas. Por ejemplo, si no se ha suprimido la misa, lo que se ha hecho es mantener formas todavía ortodoxas, pero inyectando interpretaciones sobre su significado solapadas, donde ya el sacerdote y los asistentes pueden participar y no creer, pero sin reconocerlo abiertamente. Se espera que simplemente el cambio generacional acabe diluyendo la fe en la renovación del sacrificio de la cruz.

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